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mi porque.

Actualizado: jul 4

Creo que sería imposible encontrarle un porque a todo lo que hacemos pero para mi existe algo sutil, una energía que nace del alma y que nos lleva a hacer las cosas con pasión.

Si miro hacia atrás veo que esa energía sutil que me acompañó desde los 6 hasta los 20 años, hizo que me dedicara a mi gran pasión, la natación sincronizada. Cuando con 20 años la muerte de mi tía y un delicado estado de salud de mi padre hizo que sintiera que mi sitio ya no estaba a las órdenes de una entrenadora sin escrúpulos y sin corazón, y tuve que alejarme de mi gran pasión, ya que esa fuerza sutil, mi porqué, lo que sentía por ese deporte se había desvanecido y no había justificación ninguna para seguir alejada de mi familia. Salir de esa burbujita de deportistas de élite no fue fácil, una depresión, problemas con la alimentación, y no saber quién era yo... me atormentaba pensar cómo viviría sin la sincro. En ese momento empezó mi búsqueda de algo que me hiciera vibrar como cuando nadaba, intentaba rellenar la vida como podía, con cosas materiales y superficiales, pero no lograba calmar mis preocupaciones, mi tristeza, me sentía perdida y muy desconectada del mundo.

Una familia, una psicóloga y un hombre maravilloso hicieron todo lo que pudieron para sostenerme durante ese proceso.

Pasó el tiempo, y nunca volvía del todo my yo apasionado, creativo, alegre y bromista.. aunque la vida ya no dolía tanto.

Dos hijas y un embarazo después, hicieron que me encontrara con el Yoga, pero un bajonazo de tensión hizo que no volviera a clase.

Cuando mi hijo tenía un mes aprovechaba sus siestas para hacer Yoga de nuevo, gracias a Lucía Liencres, que había colgado 5 vídeos para principiantes. Esos ratitos de Yoga hicieron que quisiera más ratitos y poco a poco esa energía sutil empezó a removerse de nuevo, volvía a vibrar algo en mi.

A los pocos meses decidí iniciar mis formaciones para ser profesora, primero la de niñxs, yo pensaba que mis hojxs no podían perderse esa herramienta de vida. Más adelante asistí a la formación grande de 200h de Hatha Vinyasa con Mandiram Yoga y significó una antes y un después en mi vida.

Podría decir que he nacido unas cuantas veces, y realmente lo sentía así, aunque también sentí la muerte en vida cuando me deprimí con 20 años, y cuando recibí hace pocos meses el diagnóstico de TEA de mi hijo.

Llegados a este punto, donde me di cuenta que lo mío era morir, vivir y volver a nacer (risas...) decidí hacer lo que hago siempre, sacar todo el aprendizaje posible de lo que la vida me regala y no compadecerme.

No hay nada malo ni bueno, solo nuestra mente lo juzga y lo interpreta según nuestra experiencia de vida.

Aquí está mi porque, mi energía sutil, mi vibración... compartir Yoga, estudiar y leer para conocer cómo funciona el cerebro de mi hijo, y abrirme a todo lo nuevo que este maestro junto a mis hijas, me están enseñando.

Leí tanto sobre autismo que encontré muchos casos, en que los propios padres hablan de la relación de algunas vacunas con el transtorno de sus hijos, no me obsesioné porque en el TEA, NADA está demostrado científicamente, pero si decidí empezar a liberar de tóxicos mi casa, y sobre todo cambiar los productos de higiene, de limpieza, eliminar ambientadores, etc.

De ahí mi necesidad de formarme como terapeuta de Yoga Especial para niñxs con necesidades y habilidades especiales y la incorporación de los aceites esenciales como forma vida junto al Yoga, y compartir todo lo que me están ayudando a mi y a toda mi familia, algo que quiero hacer llegar al máximo de familias posibles.

Hasta aquí un poco de mi porque.

N a m a s t é,

Eva.



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